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Bárbara Guerra, la guatemalteca que resurgió tras su accidente

  • Por Erivan Campos
10 de agosto de 2019, 04:08
Bárbara Guerra, una ejemplar guatemalteca sin límites (Foto:cortesía)

Bárbara Guerra, una ejemplar guatemalteca sin límites (Foto:cortesía)

Bárbara Guerra es una joven guatemalteca de 27 años, sus pasiones son el diseño gráfico, la fotografía, la música y vivir momentos de aventura. En febrero tuvo un accidente en el que pudo haber muerto pero ella nunca se rindió y tiene una historia que sus médicos aún consideran milagrosa.

El día del accidente fue un día excepcional ya que pudo compartir con amigos, pero cuando volvía a casa la chocó de frente una pipa de gas .

Su auto quedó “cual acordeón” y tuvo que ser sometida a operaciones larguísimas de 12 y 8 horas. Bárbara le cuenta a Soy 502 que ella no recuerda nada, tiene flashbacks pero que su propio cerebro la protege de recordar el evento.

Ella es Bárbara. (Foto:Joshua Díaz)
Ella es Bárbara. (Foto:Joshua Díaz)

Se quebró en 27 partes diferentes de ambas piernas y tobillos, también la muñeca derecha y su rostro tuvo cortaduras y quemaduras muy serias, que solo gracias al trabajo de un cirujano estético son casi invisibles.

Su mayor miedo era no volver a caminar nunca más y las noticias fueron alentadoras, lograría caminar en unos 9 meses, a los 6 ya podría pararse. 

Para sorpresa de todos, tan solo 4 meses después, Bárbara daba sus primeros pasos en terapia demostrando que todo está en la cabeza, que es uno quien decide cómo le irá en el día y que es el positivismo y el trabajo interno lo que más ayuda.

El Clubo

Antes de su accidente Bárbara, como freelance, llevaba varias cuentas de imagen y diseño profesional de varios amigos, entre ellos, El Clubo, ella siempre estuvo en sus conciertos y en sus photoshoots. No solo eran amigos..., eran familia.

Estos referentes del rock guatemalteco se preparaban para el gran lanzamiento lleno de ironía de: “El rock está muerto”.

Bárbara nunca dejó de trabajar y subcontrató apoyo en amigos y no dejó de diseñar, aún con la muñeca derecha quebrada. Siempre siguió trabajando en la imagen de El Clubo y su sueño era ir al lanzamiento del disco. Pero parecía imposible, en los conciertos no hay espacio para personas con sillas de ruedas, de hecho su integridad física corre peligro, pues en la emoción del momento los pueden tirar y golpear seriamente.

La sorpresa

Los chicos de El Clubo la llegaron a traer a casa, la llevaron al concierto y le tenían una rampa metálica especial para silla de ruedas y un espacio ¡en el escenario! 

 

“Lloré las dos horas del concierto”, nos dice Bárbara, “no sabía que podía llorar tanto, creo que lloré todo lo que no había llorado en toda mi vida”. 

Nos cuenta que se limpiaba las lágrimas y cuando la gente gritaba y coreaba las canciones lloraba aún más, pero eso no la detuvo a hacer fotos y volver a la acción trabajando y expresando en imágenes. 

El momento que más recuerda es cuando la llevaron al centro del escenario y ahí, abrazada de sus amigos, pudo cantar y divertirse tal como lo hacía antes, olvidando su silla, el dolor, los retos y llenándose de positivismo. 

 

Su proyecto naciente

Bárbara ha descubierto que en el país es necesario cambiar la infraestructura de todos los lugares públicos y hacerlas amigables para personas con discapacidades móviles.

Aún en su situación, no dejó de imaginar y crear, hizo todo un proyecto para que las personas que necesitan usar silla de ruedas puedan tener un espacio VIP en los conciertos y éste sea seguro. Su sueño es ponerlo en marcha y poder ayudar a las personas que estarán por siempre en una silla de ruedas dándoles voz, pidiendo con ellos y luchando hombro a hombro.

 

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Barbie, como le llama su madre, te deja con la boca abierta, no está destrozada, dice que sí, que estuvo rota pero que debió unir pedazo a pedazo y formar un ser humano que es un tornado, que logra sus metas y que siempre tendrá una sonrisa para ofrecerte.

  • Ella misma cuenta su historia: 

 

 

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