• Voces

Dos pasos para atrás, señor presidente

  • Por Beatriz Colmenares
05 de septiembre de 2018, 15:09
Un año después de haber intentado expulsara al jefe de la Cicig, Iván Velásquez, declarándolo "non gato", el presidente Jimmy Morales le veda el ingreso al país. (Foto: Archivo/Soy502)

Un año después de haber intentado expulsara al jefe de la Cicig, Iván Velásquez, declarándolo "non gato", el presidente Jimmy Morales le veda el ingreso al país. (Foto: Archivo/Soy502)

Guatemala eligió en 2015 a un presidente, no a un dictador. A un hombre que, supuestamente, conocía las reglas y que juró respetar las leyes. Su discurso de campaña iba en la línea de lo que la ciudadanía solicitaba en la Plaza: no más corrupción, no más expolio. Jimmy Morales, en más de una ocasión, le dio su venia a la CICIG e, incluso, habló de renovar el mandato de la entidad cuando llegara el momento.  

Tres años más tarde, el mandatario se ha declarado enemigo público de los guatemaltecos que soñamos con un mejor país y nos rehusamos a creer que estamos condenados a convertirnos en Venezuela o Nicaragua. En esos países, dictadores electos democráticamente (un contrasentido en sí mismo), hacen y deshacen leyes. En esas naciones, sus presidentes se escudan con militares y policías para infundirle miedo a la población. Es más: los sacan a la calle para reprimir y matar a civiles desarmados.  

Morales, es evidente, tiene miedo. Sólo así se explica que se vista de soldado sin serlo o se rodee de militares para demostrar “quien manda”. Sin embargo, resulta ser que su campaña no fue lo limpia ni transparente (ni austera) que nos quiso hacer creer. Los responsables de financiarlo ilícitamente ya confesaron el cómo, el cuándo y el porqué del dinero que el hoy partido oficial recibió en su momento.   

El estar bajo una investigación que no es espuria ni producto de vendettas personales, ilegitima su pretensión de intentar sacar, sí o sí, a la persona que dirige una comisión que, hasta ahora (con sus luces y sombras), ha cumplido con la misión que Guatemala le encomendó.  

El señalamiento en contra del presidente no es un asunto prefabricado en un oscuro sótano de la Cicig. No es un complot orquestado por las mentes malévolas de Iván Velásquez, Thelma Aldana, Consuelo Porras, fiscales e investigadores.  El colombiano no es, como dictaminó el Consejo de Seguridad, una amenaza para la seguridad nacional. La amenaza para la seguridad nacional, como lo expresaron los congresistas Eliot Engel y Albio Sires, es “el gobierno de Guatemala” encabezado por Morales.  

Está claro que el presidente tiene apoyos. Más de los que se merece. Los delincuentes (y sus cómplices). Los corruptos (y corruptores). Los tontos útiles que se tragaron la cantaleta de la soberanía, la injerencia y demás barrabasadas.  Pero este país, por más que lo intenten, no es aún Venezuela ni Nicaragua. 

Por otra parte, la ONU cree en nosotros: no acepta la boba excusa de que Velásquez es una amenaza para la seguridad y le pide dirigir a Cicig desde Nueva York. Le da oxígeno a esta sociedad que puede (y debe) superar la amenaza que representa un dictadorzuelo de cuarta. 

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