El Hospital Roosevelt reabrió sus puertas después de cinco días. El centro asistencial regresa a la normalidad, pero jamás volverá a ser el mismo tras el atentado que dejó a siete muertos y a otras once personas heridas.
Se puede observar una abundante presencia de fuerzas del orden público. Agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) y soldados patrullan el interior y exterior del recinto.
Fuertes medidas también han entrado en vigencia a partir de este día. Todas las personas, antes de ingresar, son revisadas por el personal de seguridad. Esto ha generado largas filas en la entrada del hospital.
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Se ha limitado el acceso solamente a las personas que pueden comprobar que tienen una cita en la consulta externa y los familiares de pacientes internados. Las ambulancias son los únicos vehículos que pueden entrar.
Incertidumbre
“Los agentes de seguridad del hospital tienen miedo”, asegura uno de los médicos, quien por cuestiones de seguridad ha pedido anonimato en sus declaraciones. Él indica que el sentimiento generalizado es de “incertidumbre y zozobra”.
Las medidas implementadas no parecen ser suficientes para tranquilizar a los cientos de trabajadores del centro asistencial. Otro doctor, quien también pide que se omita su nombre, dice que “todos están nerviosos y a la expectativa de lo que pueda pasar”.
Se están llevando a cabo reuniones con el personal de cada departamento del hospital por separado. Esto se hace con el fin de recolectar las inquietudes y preocupaciones de los residentes, enfermeras y demás profesionales de salud y entregarlas a la Junta de Médicos y al director del centro asistencial, Carlos Soto.
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“Estamos buscando, más que soluciones, que nos den garantías de que nuestra vida no va a correr peligro”, sentencia uno de los entrevistados.
Mientras tanto, a las afueras del hospital se forman largas filas. Hay un atraso de por lo menos cinco mil citas que se pospusieron por los días que estuvo cerrado el hospital. A eso hay que sumarle las otras mil personas que se presentaran este día.
Además, el área de emergencias del lugar también debe seguir atendiendo a heridos de bala y accidentados.
Así como lo resume el doctor Mario Antonio Barrientos, subdirector técnico del Roosevelt: “Aquí la vida continúa, con miedo, pero continúa”.
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