Ligada a la identidad de Quetzaltenango, la Virgen del Rosario encierra fascinantes relatos orales. Explora el registro histórico de 1631 y la leyenda de la carreta inmóvil.
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Hablar de la imagen de la Virgen del Rosario es hablar también de la historia de Quetzaltenango, pues su devoción está íntimamente ligada a la identidad del pueblo altense.
A su alrededor han surgido diversas leyendas sobre su origen y llegada a la ciudad quetzalteca. Debido a su antigüedad, estas historias se han transmitido de generación en generación y han perdurado a través del tiempo.
El dato documental más antiguo sobre su presencia en la ciudad aparece en un acta del ayuntamiento de 1631, en la que se hace referencia a los preparativos para celebrar en octubre a la Virgen del Rosario.

Este registro es considerado una de las primeras referencias sobre la imagen que con el paso de los años, se convirtió en la principal figura de devoción para los quetzaltecos.
Posteriormente, un inventario de bienes de la iglesia realizado en 1749 ya menciona la corona de la Virgen del Rosario.

Sin embargo, no existen datos precisos sobre el origen de la escultura, la fecha exacta en que llegó a Quetzaltenango, quién la trasladó a la ciudad o quién fue su autor, explicó José Antonio Maldonado, presidente de la Asociación de Varones de la Virgen del Rosario.
Alrededor de la imagen han surgido diferentes relatos que forman parte de la tradición oral y que se comparten entre generaciones, especialmente durante los días previos a su festividad el 7 de octubre.

El deseo de la Virgen de permanecer en Xela
Según el relato, durante el viaje de traslado, los españoles hicieron una parada en Xela. Al momento de intentar continuar el recorrido, la carreta en la que transportaban la imagen, jalada por bueyes, no pudo avanzar.
A pesar de los esfuerzos de los animales y de las personas que intentaron moverla, el carruaje permaneció inmóvil.
Los españoles interpretaron este hecho como una señal divina de que la Virgen del Rosario deseaba permanecer en la Ciudad Altense, por lo que decidieron dejar la imagen en el templo local.
Aunque este relato pertenece a la tradición popular y no existe documentación histórica que confirme dichos detalles, se ha mantenido como una de las leyendas emblemáticas que acompañan la devoción a la patrona quetzalteca.

La leyenda de Urbina
El segundo relato hace alusión a un personaje de origen español, de apellido Urbina, quien residía en el área que actualmente corresponde a la aldea Llanos de Urbina, en Cantel. Según la tradición oral, esta persona poseía una gran capacidad económica y una enorme hacienda.
De acuerdo con la leyenda, Urbina prestaba la imagen de la Virgen del Rosario para las celebraciones religiosas. Maldonado explicó que según este relato, se trataba de una figura de gran relevancia económica y social, al punto de que las autoridades de la época consultaban con él determinados asuntos de la localidad.

La tradición cuenta que antes de fallecer, este personaje decidió obsequiar la imagen de la Virgen del Rosario para que continuara siendo venerada por la población, manteniendo viva una tradición religiosa que perdura hasta la actualidad.
Con el paso de los siglos, la Virgen del Rosario se consolidó como el pilar central de la fe quetzalteca, y su festividad continúa reuniendo cada año a miles de fieles que perpetúan este legado cultural y espiritual.



