La presencia de cianobacterias en el lago de Atitlán, en Sololá, conocidas también como microalgas, representa un riesgo de salud para quienes dependen de su agua para consumo personal.
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Cuando hace bastante calor, cierto huésped indeseable se encuentra en condiciones favorables para multiplicarse y salir a flote en aguas del lago de Atitlán.
Su color amarillo contrasta con el tinte verde que emerge a la superficie cuando proliferan las microalgas conocidas como cianobacterias.
En ese momento, advierte la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán y su Entorno (Amsclae), el agua deja de ser apta para el consumo humano.

Lo mismo ocurre con los peces, los caracoles y cangrejos obtenidos mediante la pesca artesanal, y tampoco se recomienda bañarse.
Tal escenario corresponde a la alerta roja emitida por la Amsclae, el máximo nivel de emergencia ambiental mientras dure la presencia visible de la cianobacteria.

Orígenes
La microalga salió a luz pública en 2008, teniendo su primer brote masivo en octubre del año siguiente, causando alarma entre la población al verse afectado uno de los principales destinos turísticos del país.
Desde entonces, su presencia es monitoreada por técnicos de la Amsclae y por científicos del Centro de Estudios Atitlán, adscrito a la Universidad del Valle de Guatemala-Altiplano.
Los especialistas señalaron que la cianobacteria se nutre con los fertilizantes arrastrados por las correntadas procedentes de la parte superior de la cuenca del lago.
Tal condición, unida a la falta de tratamiento de las aguas servidas procedentes de los municipios ribereños, favorecen su presencia.

Niveles de alerta
"El brote (actual) se debe a las altas temperaturas causadas por el fenómeno El Niño y puede variar en cualquier momento", informo Lucrecia Masaya, directora del Centro.
Por el momento se mantiene el alerta naranja, señal de que el agua no es apta para el consumo humano y los peces atrapados en el lago deben limpiarse adecuadamente antes de prepararlos.

"Con la sequía es posible que se pase de naranja a roja, por lo que llamamos a la población a que se informe por los canales oficiales", detalló Marvin Pérez, director ejecutivo de Amsclae.
En imagen divulgada por la Asociación Vivamos Mejor se añade que la condición normal se identifica con el color verde, cuando el agua tiene aspecto limpio y transparente, lo que permite su uso recreativo y el consumo con tratamiento previo.
El nivel bajo, marcado con amarillo, alerta cuando el agua ya tiene aspecto turbio y se detecta la presencia de algas como filamentos, por lo que debe someterse a tratamiento para tomarla. De bañarse en el lago, hay que ducharse al salir del agua.

Al llegar al alerta roja tampoco deben hacerse jornadas de limpieza acuática, ya que el contacto con la piel produce erupciones cutáneas, picazón y descamación.
De penetrar en los ojos o en los oídos, la persona se ve expuesta a infecciones como la conjuntivitis y la otitis, las cuales pueden agravarse.




