Es la hora de bajar el telón del Mundial, pero cuesta, porque todavía hay muchas emociones y cosas que contar. Fue una hermosa travesía de 44 días, desde México hasta Nueva York, en los que disfrutamos de sol a sol.
LEE TAMBIÉN: Así se vivió la final del Mundial 2026 desde el estadio de Nueva York/Nueva Jersey
El plan parecía gigantesco; por primera vez en la historia, una cita mundialista tendría tres países como anfitriones y 48 selecciones participantes. Había que elegir dónde estar y qué partidos cubrir.
La Ciudad de México tenía que ser sí o sí nuestra primera parada. El Estadio Azteca y su tercer Mundial, el recuerdo eterno de Pelé y Maradona, y el ambiente de nuestros vecinos, que definitivamente saben celebrar. Estuvimos en el partido inaugural, en el ya lejano y ahora nostálgico 11 de junio.

Luego, cambiamos los tacos y la hospitalidad mexicana por el calor del verano estadounidense, las carreteras interminables, los aeropuertos gigantes, los estadios majestuosos, la excelente organización deportiva y, sobre todo, el reencuentro con muchos guatemaltecos, unos de visita y otros, la gran mayoría, radicados acá, pero cumpliendo sus sueños.
El Mundial es futbol en estado puro, maravilloso deporte, pero que, como todo, también cambia. Los tres minutos de hidratación en cada tiempo costaron, pero luego fueron una herramienta para los entrenadores. Los shows musicales, las pantallas led colosales y los precios elevados también marcaron las jornadas.

Pero quedan las postales inolvidables de los protagonistas, un campeonato marcado por varios récords y registros que serán difíciles de superar.
Nos dimos el gusto de ver a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo en su sexto Mundial, también la pelea por el goleo histórico entre la "Pulga" y Kylian Mbappé. ¡Increíble! Todavía antes de iniciar la cobertura teníamos memorizados a Miroslav Klose, Ronaldo Nazário y Gerd Müller.

Experiencia completa
Estuvimos en 19 de los 104 partidos, presenciamos duelos de todos los campeones del mundo (menos Italia, que no participó). Remamos con la afición noruega al ritmo de Haaland, bailamos con los egipcios de Mohamed Salah, cantamos el "Hey Jude", de The Beatles, por Bellingham, saltamos con el "Muchachos" de los argentinos y sufrimos con Brasil, un pentacampeón que no despierta.
Disfrutamos realmente, desde las primeras jornadas maratónicas hasta la apasionante recta final, la consagración española y las lágrimas de Messi, lágrimas también de todo buen futbolero por haber visto, quizá, la última función de uno de los más grandes representantes de este bello deporte.

Pero no todo fue futbol; también pudimos conocer y contarles a ustedes, queridos lectores, detalles culturales, gastronómicos y sociales de cada ciudad que visitamos.
Como Nueva Jersey y Nueva York, desde donde salen estas últimas letras para agradecerles la fiel compañía de todos los días desde cualquier rincón de nuestro país, esperamos haberles transmitido emociones y será hasta la próxima.



